martes, 12 de agosto de 2008

y... donde está el cable cruzado ?

Me he decidido a escribir si bien admito que no tengo todas las pilas... y es que en este trabajo han pasado tantas cosas que no se hace a tiempo a seguirle el ritmo... a las situaciones ridículas.
Y es que hemos atravesado varias situaciones, desde trabajar en una oficina de 3x2 donde tenía como compañeros de trabajo a 4 server, una san, 15 pc y un hincha de river plate, a mudarnos a una oficina con vista a la cancha de Boca Juniors (el karma en algún momento se me tenía que emparejar), a asistir al hecho que nuestra oficina estuviera embarazada y a punto de generar una mini oficina dentro de si misma.
Si a ello le sumamos varias situaciones que tienen que ver más con las personas (como por ejemplo compartir la vida laboral con un par de promesas del este), es como que estos meses no hubo nada de desperdicio.
Pero qué decir, últimamente estoy en un proceso ascético y místico por lo que me concentro en las pequeñas cosas del trabajo como los pajaritos que se chocan contra nuestras ventanas espejadas o -el que es el tema de este post- con los pequeños elementos que provocan grandes consecuencias.
Y es el caso del segundo cluster, ya que me he impuesto de instalarlo (porque algo de técnico quiero hacer en mi vida laboral, por más que en esta empresa parecen empeñados en que precisan un técnico para hacer otros tipos de trabajos), y para lo cual solicité un cable cruzado...
Pequeña acotación para quién no es técnico: un cable cruzado es -dentro de lo tecnológico-, lo menos complicado que se puede imaginar mente humana, y cuyo valor puede ser comparable al de un café con leche con medialunas.
Como corresponde, se hizo una solicitud reglamentaria que ha seguido su curso urgente durante un par de meses hasta que... fue anulada. Pero eso no sería grave, lo más grave es que no se llega a saber quién ha anulado la solicitud (por un valor de moneditas) mientras todo el resto del pedido (por decenas de miles de dólares) siguió adelante sin que nadie dijera ni mu...
Parafraseando a la gran María Elena, me dijeron que en el mundo del revés...