martes, 1 de julio de 2008

Cafex and the city...

Luego de varios días en territorios bárbaros, me he levantado con toda la intención de zambullirme nuevamente en esta ciudad que para mi personal opinión, no tiene comparación...
Así que me dispuse a tomar el taxi que me traería al trabajo con algo de anticipación y llegado a la empresa, dejé las herramientas del oficio al portero, que gentilmente aceptó custodiarlas y ladrar en caso algún otro pobre desdichado tratase de usarlas; y me encaminé hacia uno de esos bares -buscándolos, aún quedan- en donde quien te atiende tiene una única ceja que le une los dos ojos y en el aire hay un perfume a madera añeja (o mejor dicho, de mugre añeja)...
En general, en la zona de Parque Lezama hay algunos bares adaptados para los turistas, pero yo encontré el mío en la zona central de Barracas; y ahí voy algunas veces cuando quiero realmente disfrutar 10 minutos antes del trabajo (no demasiadas, nunca más de una o dos veces por mes, para que no se vuelva costumbre) .
Bueno, me encontraba ahí desde hacía unos minutos cuando el mozo me vino a ofrecer un diario, si lo quería leer... Cabe aclarar que la gente no se me acerca con mucha facilidad, menos aún cuando estoy pensando en algo (en ese momento me estaba zambullendo en las personas y actitudes dentro y fuera del bar) así que eso tuvo para mí algo de agradablemente extraño; y realmente me sentí un poco desagradecido cuando rechacé el ofrecimiento.
Al momento de pagar, el mozo se acercó murmurando algo y a la pregunta mía de si todo estaba bien, dijo un par de palabras amables y una palmadita en el hombro.
Interesante!... primera vez que Buenos Aires me recibe con tantos honores... por lo general apenas llego me recibe con alguna actitud fría y distante (como si me echara en cara el haberla abandonado nuevamente)...
Me daba ya por satisfecho, pero aún me quedaba la parte más reconfortante... la cereza sobre el postrecito de crema.
Y el milagro ocurrió en el comedor (donde, curiosamente, últimamente ocurren la mayor parte de los milagros de este trabajo), cuando por primera vez he sido llamado por mi nombre por la chica que sirve las comidas (toda una institución en la empresa). Creo que pocas veces me he sentido tan pero tan honrado, ya que es el inicio de una nueva era... por fin me siento alguien acá adentro, no más parte de este mecanismo loco e indescriptible, sino una persona con nombre propio...
Es realmente lindo sentirse mimado por personas extrañas, pero aún más lindo es saber que mientras ocurre el milagro, a tu lado se encuentra ese guacho que siempre es mimado en el extranjero, y escuchar que a él lo siguen tratando simplemente de "vos"...
Tomaaaaaaa!!!